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domingo, 15 de julio de 2018

Sobre el aburrimiento

“Papi, estoy aburrido.” Es la frase que suelen usar mis hijos para manifestar que no están haciendo algo entretenido y por ende que lo están pasando mal. Incluso, usualmente está frase va acompañada de un gesto de desaliento y derrumbe físico. Literalmente se tumban al suelo. Alguna vez leí que ser adulto significa tener la capacidad para estar aburrido y poder mantenerse en pie. Sin embargo, esa actitud de mis hijos parece cada vez más latente en todos hoy en día, niños y adultos. Parece que no podemos pasar ni un minuto del día sin estar “haciendo” algo. Como que falla algo en nosotros si no estamos ocupados.



Ilustración de Maurice Sendak de Open House for Butterflies por Ruth Krauss.

Pascal dijo que todos los problemas de la humanidad surgen de la incapacidad del hombre para sentarse en silencio en una habitación por sí solo. Aunque tal vez un poco exagerado, lo cierto es, que nuestros hijos (y nosotros) deben aprender a tener la capacidad para aceptarse y conocerse. Deben poder llegar a aceptar el aburrimiento como un proceso que los conduce a algo. Como escribió Adam Phillips

El aburrimiento es en realidad un proceso precario en el que el niño está, por así decirlo, esperando algo y buscando algo, en el que la esperanza se negocia en secreto; y en este sentido, el aburrimiento es similar a la atención flotante. En la confusión sofocada, a veces irritable de aburrimiento, el niño está alcanzando una sensación recurrente de vacío de la cual puede cristalizar su deseo real … La capacidad de aburrirse puede ser un logro de desarrollo para el niño.

(texto original en inglés, traducción propia)

Lo increíble es que en el párrafo anterior podemos reemplazar niño por adulto e igual sale; especialmente en estos tiempos de redes sociales y conectividad permanente.[1]

Le tememos al aburrimiento, pero sobre todo a la soledad. No obstante, cuando comenzamos a estar cómodos con la soledad, comenzamos a encontrar lo que nos hace felices, lo que queremos y también lo que nos hace infelices. Se cristalizan nuestro anhelos verdaderos. No lo que otros quieren que hagamos, sino lo que nosotros auténticamente queremos -y lo que no también-.

Constantemente estamos buscando entretenimiento y todo lo que nos saca de ese estado de aburrimiento mantiene a nuestras mentes “ocupadas” y eso no es saludable. Esto no significa que tenemos que obligar a nuestros hijos a aburrirse de muerte, sino más bien a mostrarles que nosotros mismos estamos en la capacidad de estar tranquilos, sin dispositivos, y dispuestos a pensar por un rato qué es lo que queremos hacer. El éxito en la vida, probablemente esté del lado de quienes se detienen un rato en el día, sin distracciones, a contemplar el silencio y descubrir un nuevo mundo ante sus ojos. Démosle ese espacio a nuestro hijos, sólo así podrán ellos mismos tomar sus decisiones sobre qué quieren en la vida más adelante.


  1. Sin embargo, parece haber indicios de que las compañías beneficiadas les interesa que tengamos relaciones más saludables con nuestros dispositivos.  ↩

miércoles, 14 de marzo de 2018

Orígenes


Una línea del tiempo del planeta Tierra. Foto: Andree Valley/University of Wisonsin-Madison.

Hoy me preguntó Alo, ¿de dónde venimos? Lo hizo con un aire de seriedad, a lo cual no podía responder con cualquier cosa. Lo miré fijamente y mientras tanto su inquietud crecía como espuma. Suspiré y le dije, “verás, hace mucho, muchísimo tiempo - hasta dónde sabemos unos 15 mil millones de años - hubo una gran explosión y ahí empezó todo.” Comenzando así, pensé que le pondría misterio al asunto, pero me miró de vuelta, con las cejas levantadas y el ceño fruncido, me dijo “Papi eso ya lo sé.”[1]

Yo proseguí. Bueno, resulta que muchísimo tiempo después de esa explosión, comenzaron a unirse trozos en distintos lugares, y algunos se unieron tan fuerte que iniciaron su propio fuego y formaron estrellas. Habían estrellas grandes y pequeñas. Me dijo, “ah, el Sol es una grande y las otras son pequeñas.” Naturalmente, le respondí, “No, el Sol en realidad es una estrella mediana, pero hay más grandes. Lo que pasa es que las otras están muy lejos y por eso se ven pequeñas.”

También hubo trozos de materia que no formaron estrellas, sino planetas. Uno de esos planetas fue el nuestro, el planeta Tierra. Seguía escuchándome como si faltara poco para resolver el misterio. Después de muchísimos años que se formara la tierra, en los océanos comenzaron a surgir de manera espontánea pequeños bichitos. En realidad eran formas de vida pequeñitas que no podemos ver con los ojos y que casi no hacían nada, pero podían hacer algo muy especial. Podían hacer muchas copias de ellos mismos. Es, como si tuvieras hijos igualitos a ti mismo.

En algún momento, nadie sabe bien cómo, dos de esos bichitos se unieron[2]. De hecho uno se fue a vivir al interior de otro. Resulta que el más pequeño podía producir energía que necesitaba el más grande y así terminó quedándose para siempre en su interior. En esta unión quedaron formando un solo ser vivo, a estos seres les llamamos células (eukaryotes). Y también tenían la capacidad para tener hijos igualitos a ellos.

Pero después de muchos años, de vez en cuando tenían hijos que ya no se parecían tanto a los padres. Y a veces, tenían habilidades diferentes. Como estar conformados por más de una célula. De esta manera comenzaron a aparecer seres más grandes. Animalitos pequeños, como pececitos que andaban por los mares del mundo.

Pasaron muchísimos años y estos seres hicieron lo mismo que sus padres y tuvieron muchos hijos, y los hijos tuvieron hijos, y así muchísimas veces. En algún momento algunos decidieron salir del agua y explorar la tierra. Al principio les costó mucho, pero cada vez más se iban adaptando en la medida en que tenían hijos y estos mostraban alguna habilidad diferente a sus padres.

De los distintos hijos, y después de muchísimo tiempo, hubo algunos que se convirtieron en lo que hoy llamamos mamíferos, otros se convirtieron en dinosaurios, etc. Ahí me detuvo y me dijo, “bueno, pero los dinosaurios ya se murieron.” Yo entusiasmado le respondí, “en realidad no, los dinosaurios grandes se murieron hace mucho tiempo, pero también habían dinosaurios pequeños con plumas que siguen viviendo hoy en día, y les llamamos aves.” Me miró y me dijo, el pterodactilo no tenía plumas. Yo le respondí sin pensarlo, probablemente no tenía, pero habían otros que sí tenían.

Parecía convencido, así que continué. Bueno, de esos pequeños mamíferos, surgieron todos los mamíferos que conocemos, los leones, las ballenas, los monos y los simios. Le hice la claridad sobre los monos y los simios, nosotros somos simios como los gorilas y los chimpancés - somos monos sin cola, en cierta manera. Pero no fue inmediato, pasaron muchos, muchos años, los mamíferos anteriores a los simios tuvieron muchos hijos durante muchos años hasta que algunos nacieron con habilidades diferentes y así esos tuvieron hijos y nos fuimos diferenciando los unos de los otros. Hasta que aparecimos los humanos.

Y eso es lo mejor que sabemos sobre de dónde venimos.[3]

Ahora sí, a bañarte.


  1. Recordé que el año pasado lo había estudiado en el colegio.  ↩

  2. El caso de la mitocondria es probablemente el caso más exitoso de supervivencia en la historia de los seres vivos.  ↩

  3. Hay un video interesante sobre nuestra historia en un minuto.  ↩

lunes, 5 de febrero de 2018

Elena

Hace seis meses llegó a nuestra vida una pequeña luz que poco a poco fue iluminando nuestro hogar. Su sonrisa involuntaria de plenitud, me cautivó y me hizo recordar que ser padre es la relación más profunda y frágil que se puede tener en la vida. Hacerse responsable de esta vida que cabe en mis brazos es abrumador y me ha tocado de una manera tan trascendental, así sea ésta la tercera vez que soy padre.

Nuestra pequeña Elena es ya una participante de la conversación del hogar y se hace sentir con su dulzura y su ferviente manera de antojarse de lo que nos ve haciendo - especialmente la comida. Su inteligencia es notoria para distinguir entre rostros conocidos, para saber qué es comida y qué es bueno para rascarse las encías. Su manera de cerrar los ojos, reír y mirar hacia un costado, parece tan natural e involuntaria que siempre caigo y me dejo llevar. De tal manera, que un beso es lo mínimo que cosecha tras el gesto.

Ser la hermana menor de dos hermanos seguro la llevará a sentirse sobreprotegida, pero tengo la impresión que en estos tiempos, puede ser ella quien termine arreglándole las vidas a sus hermanos. Las mujeres tienen una manera tan especial de enfrentarse a la vida, que a veces creo que es un súper poder que desarrollaron mediante la evolución para permitirles dominar, cuando físicamente parecería que no pudiesen.

Aún siendo una bebé ya nos conoce y sabe cuál es su lugar. Sabe con quien quiere estar y también sabe dónde se está mejor. La comunicación con ella, aunque rudimentaria, es probablemente lo más antiguo y representativo de la especie humana en lo que respecta a nuestros instintos y quienes somos.

lunes, 8 de mayo de 2017

Sobre los retos y la perseverancia

De niños creemos que hay ciertas cosas imposibles de realizar. Por ejemplo, recuerdo preguntándome, si apenas puedo andar en bicicleta, cómo podré algún día saltar obstáculos, hacer piruetas, etc. Es evidente que si lo intento un par de veces y no consigo nada, puedo tener la impresión que hasta ahí ha llegado mi esfuerzo.

Una de las mejores enseñanzas que le podemos dejar a nuestros niños es la perseverancia. La constancia necesaria para conseguir algo. No obstante, la perseverancia sola no es suficeinte para conseguir las metas, pero sí para acercarse, mucho.

Tengo la impresión, que como padres en ocasiones podemos tener un impacto importante en la impresión de nuestros hijos sobre cómo enfrentar un reto y salir adelante. De cómo se consigue algo fruto del esfuerzo y la dedicación. De hacer algo que requiera planeación y ejecución en un tiempo más largo que una tarde. Y de eso se trata esta entrada.

En enero le regalaron a Nico un rompecabezas (jigsaw puzzle) de 1000 piezas de Star Wars. Para completar la faena de las mil piezas, tiene el fondo del espacio exterior, por lo tanto, hay como cientos de piezas negras. Eso sí es un verdadero reto. Pero bueno, es Star Wars así que como decir no.

En enero comenzamos a armarlo con los niños. Nos tomó unos tres o cuatro días de trabajo armar como una octava parte del rompecabezas. No fue fácil, pero le pusimos mucho empeño. Al poco tiempo, se acabaron las vacaiones y volví al trabajo. Cada vez más fui postergando terminar el rompecabezas. En más de una ocasión sentado, intentando hacerlo, me frustré y lo dejé a un lado. Parecía imposible.

Cuando ya estaba por tirar la toalla y estaba guardando las piezas, Alo con lágrimas en los ojos me pidió que no lo recogiera. Que por favor lo termináramos. Me hizo pensar. Y le dije, ahora que sean vacaciones de Semana Santa lo terminaremos. Si antes este momento de frustración, me dejaba ganar por la pereza y el desazón, no tendría cara para reclamarle más adelante si asumía esa misma postura.

Hoy puedo decir, que tras una semana de mucho trabajo, lo finalizamos. Pero lo más importante es que logramos involucrar a más personas. A la mamá, a la abuela, al tío y otros más. No fue fácil (sólo basta mirar el montón de regiones homogéneas), pero les dejamos otra lección de vida. Que hay cosas que parecen imposibles, pero que con determinación y trabajo en equipo se pueden lograr.

Así que termino la entrada con esto. No se trata de decirle al niño que uno se ha propuesto algo impresionante y luego va y lo intenta conseguir. Se trata más bien, de acabar lo que uno comienza con ellos, tantas veces como nos sea posible. La sensación de finalizar algo es gratificante. Se trata de poder retomar una actividad de ayer o del fin de semana pasado. Eso demuestra coherencia y perseverancia. Se trata sobretodo, de demostar que somos responsables y consecuentes, jugando o en la vida.

jueves, 26 de enero de 2017

Jugando como antes

Después de un receso por fin de año y vacaciones, volvemos con una vivencia reciente de Alo y Nico. El fin de semana pasado encontraron una canica (aquí les llamamos bolitas de uñita) en un jardín y se preguntaron qué era. Les expliqué y además compramos unas cuantas para jugar.

Hoy estuvimos jugando en el jardín del edificio, en la tierra como siempre se ha jugado. Les expliqué las reglas básicas, el hoyito en la tierra, la linea para lanzar las bolitas, el caminito y alguna cosa más. Todavía están muy pequeños y no tienen mucha destreza con las bolitas, pero el rato que pasamos fue lo más relevante.

Normalmente estas cosas las hacemos los padres desde cierto egoísmo por recordar nuestra infancia y de paso transmitirle algo a nuestros hijos. Pero lo cierto es que ellos disfrutan mucho cuando nosotros disfrutamos con ellos. Al final del día se trata de experiencias compartidas. Que cuando ellos sean mayores y se digan el uno al otro, “te acuerdas cuando hicimos tal cosa”, el otro le responda, “sí, me acuerdo y mi papá estuvo ahí.”

miércoles, 26 de octubre de 2016

Experiencias únicas

A veces se trata sólo de dedicarles tiempo y no cualquier tiempo, sino el que se aprovecha de verdad. El que ellos recordarán por siempre. Esos momentos que les quedarán en la memoria y que los definirán sobre qué tipo de personas son y quienes eran sus padres.

No siempre se trata de darles cosas, sino más bien de hacerles cosas y ahí está el dilema de nuestras vidas ajetreadas. En las que nos es más fácil pasar por un almacen y comprar un juguete, que sentarnos a hacerlo con ellos.

A veces caemos en la tentación y cedemos. Pero de vez en cuando, nos detenemos y pensamos. Debe haber una mejor manera. Algo que podamos hacer con y por ellos, que lo disfruten y sobre todo, que sea verdaderamente único. Porque ahí está la experiencia misma de la vida, que se sienta auténtico y no de alguien más.